17 noviembre, 2009

HereComesTheSun

Es increíble cómo a veces la música puede decir lo que las palabras no. Más increíble es sentirte a través de acordes o notas sueltas y no cuando se dice tu nombre. Porque como mi hermana me explicó, a veces una canción no sólo nos recuerda a alguien, sino un gesto. En este caso, qué otro gesto tuyo si no el de complacer. Cómo cada vez que suena Here Comes The Sun es como verte con una sonrisa, tratando de generanos una a nosotros. Ese mi do re do mi do re mi que da sensación de felicidad, de que todo va a estar bien. Me costó bastantes días encontrarte. Y probé varias cosas. Y nada como sentarme en el piano, cerrar los ojos y sólo dejar que vos guíes mis manos. A veces, tocando aquella canción que me enseñaste cuando yo tenía entre 7 y 10 años, siento que estoy tocando una Sonata de Mozart. Me lleno de sentimientos tuyos, siento que vos dirigís mis dedos y te dejás ir a través del sonido. Y es una sensación que no siento en ninguna otra parte, ni siquiera cuando voy a verte. No te siento enfermo, ni flaco, ni malhumorado ni cansado. Te siento alegre, vivaz, riéndote pero con el espíritu que me transmitiste estos últimos meses. Te siento como todo lo bueno que fuiste y siempre vas a ser. Y habré perdido cosas, pero eso nunca se va a ir.

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